Son datos de la Fundación Agropecuaria por el Desarrollo de Argentina. En el primer trimestre del año, el peso del Estado creció 1,7%, respecto a los últimos tres meses de 2021. Preocupación por la suba de costos y las retenciones, y los efectos de la sequía.

En medio de un nuevo conflicto entre el campo y el Gobierno, que cada vez va ganando más fuerza por un nuevo aumento de la presión impositiva sobre el sector a través de la suba de retenciones a los subproductos de la soja, el peso del Estado en la renta agrícola volvió a subir y ya se lleva casi 65 pesos de cada 100 pesos que genera un productor a partir del pago de impuestos. Así lo afirma un nuevo informe de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA)

En el primer trimestre del año la participación del Estado en todos sus niveles en la renta agrícola se ubicó en el 64,9%, lo que significó un incremento del 1,7 puntos por encima de lo registrado en los últimos tres meses de 2021, cuando los impuestos representaron el 63,2% del total de lo generado por un productor. En rigor, esto implica que en el primer trimestre de 2022, el Estado se quedó con 64,9 pesos de cada 100 pesos que produjo el agricultor argentino.

Este aumento se da en un contexto donde los precios internacionales y locales de los granos se encuentran en niveles históricamente altos. Pero la sequía impactó en nuestro país de una manera tan contundente que esos mejores valores no pudieron licuar el peso de los impuestos a la producción. Por supuesto, a esto hay que sumarle la fuerte suba de los costos y, en un futuro, la última suba de las retenciones.

En este sentido, la economista de FADA, Nicolle Pisani Claro, sostuvo que “aún con la importante suba de precios, pesaron más los menores rindes esperados como consecuencia de la sequía, los mayores costos de producción y el atraso del dólar oficial respecto a la inflación, por esto la suba del índice en relación al índice pasado”.

Del conjunto de los cultivos analizados por la institución, la soja es el más afectado por la quita del Estado, principalmente porque es el grano que más tributa derechos de exportación y también porque fue duramente afectado por la sequía. Así, un productor sojero paga en concepto de impuestos el 69,9% de la renta, mientras que en maíz alcanza el 56,1%, en trigo el 58,5% y en girasol 56,2%.

Pero más allá de la importancia propia de los impuestos, los precios internacionales y los alicaídos rindes por la sequía, una variable que cada vez hace caer más los márgenes en los campos es la sostenida y la abrupta suba de costos, ya no en pesos, si no en dólares. “Los costos de producción incrementaron su participación. El costo de la cosecha, por ejemplo, se incrementó un 68,4% en pesos en los últimos 12 meses, mientras que el tipo de cambio oficial sólo subió 19,3%. Esto significa, que el costo de la cosecha se incrementó un 41,2% en dólares, más de lo que subieron los precios internacionales de los granos. En los fletes es incluso peor, aumentaron un 47,5% en dólares en el último año”, detalló la economista.

Entre los costos que más subieron y que más preocupan a los productores es el de los insumos, en especial, de los fitosanitarios y fertilizantes. Si bien en los últimos 12 meses los aumentos de costos de los primeros han sido “extraordinarios”, con productos que subieron 50% y 60%, y los glifosatos entre 140% y 180% en dólares, “el tema que más preocupa son los fertilizantes”, ya que el precio de la urea se incrementó 170% y PDA 155% en los últimos 15 meses en dólares. Pero a esto se le suman los efectos de la guerra, ya que tanto Rusia como Ucrania son importantes productores y exportadores de fertilizantes. Es por eso que “más allá del precio, inquieta el posible desabastecimiento de fertilizantes”, subrayó la también economista de FADA, Natalia Ariño.

“La agricultura es muy dependiente de las importaciones de fertilizantes. Esto genera alguna preocupación para la siembra de trigo, que comienza en pocos meses, y la siembra de maíz que comienza a partir de septiembre. Si bien todos los cultivos requieren fertilizantes, estos son los dos que más demandan”, advierte Ariño y agregó que en 2020, Argentina importó el 61% de la oferta doméstica de fertilizantes nitrogenados y el 79% de los fosfatados.

Atraso cambiario y suba de retenciones

Otro factor que afecta los números de los productores es el atraso cambiario. En este sentido, el informe indica que, en los últimos 12 meses, el incremento nominal del tipo de cambio oficial fue del 19,3%, mientras que en términos de tipo de cambio real, descontando los efectos de la inflación, en los últimos 12 meses cayó un 21,2%. “Esto significa que el tipo de cambio se ha atrasado respecto a la inflación, incrementando los costos de producción al medirlos en dólares, un escenario malo para cualquier actividad exportadora”, afirma Ariño.

Así, el informe especificó que si se analiza la estructura de costos según la moneda en la que están expresados, un 54% de los costos de una hectárea de soja están estrictamente dolarizados y si se considera el costo de la tierra alcanza el 65%. En el caso del maíz, como los fertilizantes y semillas tienen más peso que en el caso de la soja, los costos dolarizados ascienden al 58%, que llega al 64% con el costo de la tierra.

“Con la suba de las retenciones a los subproductos de la soja, la industria tendrá menor poder de compra y podrá pagar menor por el grano” (Pisani Claro)

No obstante, en estos cálculos falta todavía el impacto de la suba de dos puntos en los derechos de exportación de harina y aceite de soja que pasaron del 31% al 33% al aceite y de un punto porcentual para el biodiesel hasta el 30%. Si bien desde el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, dirigido por Julián Domínguez, aseguran que esta suba no impactará en el precio recibido por el productor, desde FADA consideran que los agricultores recibirán un menor precio por su soja.

“Con la suba de la alícuota a los subproductos, la industria tendrá menor poder de compra, por lo que podrá pagar menos por el grano. La baja estimada en el poder de compra es de 15 dólares por toneladas. Así, es de esperar que, en promedio, el precio pagado al productor baje alrededor de este número”, revela la economista.

 

 

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